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jueves, 8 de marzo de 2012

PENSAMIENTOS INDESEADOS




Alma vacía. Camino deambulando entre pensamientos, imágenes incrustadas en mi mente. Gusanos que la devoran, cuidadosos de no ingerir recuerdo alguno.

Besas mi frente y te pido a gritos en mi silencio, que te lleves mis pensamientos.

Pensamientos que intoxican mi alma. Pensamientos que me anulan. Pensamientos que no me permiten encontrar la paz que busco.

  - ¡Maldita! le grito a escondidas y llega a mis oídos su ridícula risa.

Risa que atormenta mis días, mis noches, mi vida.... si es que esto, es estar viva.


Kass.

domingo, 12 de febrero de 2012

EL FARO



Camina de noche, descalza por la orilla, dejando tras de sí huellas cargadas de nostalgia, de dolor, de experiencias que atormentan sus sentidos. Sinsabores de la vida, de su vida, de la vida vivida por otros...

Adentrándose en la frialdad de la orilla, la arena mojada sacude sus sentidos. Frialdad en su alma.

Mira tras de sí, el recorrido de huellas cargadas de recuerdos que atormentan su cabeza.

A lo lejos, ve la luz del faro al otro lado de las rocas que separan las calas, por las que tantas veces corrió perseguida por sus hermanos, en aquel juego de niños, que ya queda tan lejano.

Sigue caminando por la orilla, golpeada por las olas de un mar embravecido, que poco a poco va mojando su fino vestido, dejando entrever su piel arrugada, descolorida.... Atraviesa las rocas, trepando con sus pies descalzos y doloridos hasta llegar a la otra cala, donde encuentra aquel faro que tantas noches había alumbrado su ventana. 

Recuerdos. Juventud, ya lejana. Risas, correteos, Mario, su amor de juventud en las escaleras del faro junto a ella, toqueteando su cuerpo joven, inocente, apretando sus nalgas sedientas de deseo, jadeos incontrolados, corazones latiendo al mismo son, sus pechos endurecidos por aquel placer novedoso, su lengua en su lengua ....

Recuerdos lejanos de una juventud ya muy lejana....

Sus pies van recobrando sensibilidad, los mira, empieza a sentirlos. Grita. Un ratón se cruza entre sus pies descalzos, devolviéndola a la realidad. Ya sus recuerdos, vuelven a ser recuerdos.

Mira las escaleras enredadas, oscuras. Ya no las ve tan grandes como las recordaba.

Sube, intrigada por saber quién estará al mando del faro. Se pregunta si seguirá siendo Antonio el que siga pendiente de aquella luz que ninguna noche descansa.

Llega. Cansada, derrotada, aquejada de esos huesos que sienten dolor. Vejez.

Todo sigue como lo recordaba. Aquel gran ventanal desde donde se divisa una linea de trazado perfecto entre el cielo y el infinito de un mar que no acaba nunca. A la derecha, una mesa llena de brújulas, relojes detenidos en el tiempo, tabaco esparcido, una pipa maloliente, libros amontonados sin sentido, uno encima de otro, formando pilas casi imposibles de sostener, ropas sucias amontonadas en cada esquina de la habitación. A la izquierda, una vieja cama deshecha, sábanas enrolladas que en un tiempo debieron ser blancas y ahora tienen ese color amarillento que da la humedad del faro.

Sigue de pie, observando absorta cada rincón.

De repente, su corazón empieza a acelerarse. Siente una presencia tras de sí. Unas manos rugosas, arrugadas, frías, recorren su espalda, avanzando por sus senos, apretando su vientre, despacio.... Un cuerpo apretando su cuerpo. Asustada, intenta darse la vuelta, pero aquellas manos no la dejan moverse. 

Cúmulo de sensaciones, de placer ya vivido. Un placer que la paraliza. Y aquellas manos siguen bajando por su vientre hasta adentrarse en su cuerpo húmedo, deseoso, tembloroso.... Y siguen aquellas manos apretando su cintura, sujetándola con fuerza, una fuerza que le trae recuerdos de Mario....

- Niña, niña.... despierta ya. Se ha hecho de día. Anda, ve a la playa a jugar. Tus hermanos esperan   por ti.

La chica se despierta, sudorosa, acongojada, temblorosa. Otra vez ese sueño invadiendo sus noches.

Se viste, corre hacia sus hermanos, empieza el juego de cada mañana.


La luz del faro ya está apagada.



Foto tomada de internet.

miércoles, 18 de enero de 2012

El rincón.....

En aquel rincón, abrazada por aquellas frías paredes, la niña observa atónita el ir y venir de aquellas gentes.


Caras desconocidas que no le dicen nada. Hombres, mujeres y niños se pasean por aquella habitación. Ella, con sus grandes ojos, les mira suplicándoles una palabra y espera y espera. Las horas van pasando y sigue allí acurrucada entre sus piernas, inmóvil, esperando. Y aquella espera resulta desesperada. Y quiere levantarse, pero sus piernas no le responden. Por más que intenta no puede moverse. Sus huesos entumecidos por la frialdad que desprende el suelo, permanecen inmóviles. Ya no siente su cuerpo. Y aquellas gentes siguen con su ir y venir y ella no entiende nada. Quiere gritar, pero de su garganta no brota ni un mísero sonido. No siente su cuerpo, sólo siente frío, mucho frío.


A lo lejos se escuchan gritos desconsolados, llantos, quejidos que quiebran el alma. Pasan los minutos y cada vez se escuchan más y más cerca. Empieza a vislumbrar una silueta. Sonríe. Le parece conocida. Una mujer se acerca. Su pelo blanco destaca entre sus ropas negras. La niña vuelve a sonreír. Es su madre. Quiere levantar su mano, tocarla, abrazarla, sentirla.... pero sigue sin poder moverse. Siente dolor en su pecho, quiere llorar pero de sus ojos tampoco brotan lágrimas. Le grita sin voz, le suplica que no llore. Pero la mujer sigue llorando desconsolada. 


Su niña chiquita, allí acurrucada en aquel frío rincón yacía sin vida, pálida, fría, con sus enormes ojos abiertos.

Kass.